Martes, 19 de mayo de 2009
Valverde tiene defensa
Siento, de verdad, verme obligado a seguir con este tema cuando el Giro
entra en su larguísima recta final, con Carlos Sastre luchando
por el triunfo absoluto o cuando menos por un lugar en el podio, y
cuando en estas fechas también se está disputando la Volta
a Catalunya, una de las pocas pruebas españolas del UCI ProTour.
Lamento tener que insistir en ello -qué más quisiera yo
que poder comentar otro tipo de cosas más alegres-, pero me temo
que ahora mismo los aficionados al ciclismo están tanto o
más preocupados por el futuro de Valverde que por el día
a día de este deporte.
Como todos sabemos, el pasado día 11 el Tribunal Nacional
Antidopaje italiano suspendió al murciano con dos años por
su presunta implicación en la Operación Puerto. La
noticia, aunque por sí misma importante, no tendría tanta
trascendencia si no fuera porque el Tour de este año pasa 88
kilómetros por Italia el día que la ronda gala finaliza
en Bourg-Saint Maurice (21 de julio), lo que quiere decir que Valverde
no podrá estar en la salida. De hecho, el director del Tour, Christian Prudhomme, se
apresuró en dejar claro que el murciano no podrá correr el
Tour si está sancionado en Italia. Lógico por otra parte.
Así, la única posibilidad que tiene Valverde de correr el
Tour es que el TAS, al que recurrirán sus abogados sin tiempo que
perder en cuanto puedan hacerlo (el TNA tiene hasta el 11 de junio para
argumentar su fallo, luego no podrá ser antes), le dé la
razón. También puede suceder lo contrario, que los jueces
del TAS acepten la tesis italiana, una situación que
pondría a Valverde al borde del precipicio porque tanto la UCI
como la Wada pedirían de inmediato una suspensión
universal, no sólo para Italia.
Desde que el TNA dictó sentencia, da la sensación de que
Ettore Torri, el implacable fiscal antidopaje italiano, ha ganado la
batalla, porque quien más quien menos todo el mundo sospecha que,
si los italianos han analizado el ADN, está claro que la sangre
-plasma, mejor dicho- de la bolsa número 18 de la
Operación Puerto es de Valverde. Y da igual que el CONI
quizá no sea competente, que Torri se haya pasado las leyes
españolas por el forro y, por el mismo precio, que haya
desobedecido al juez Antonio Serrano, quien previamente había
anulado la utilización de las pruebas, porque lo importante,
parece ser, es que Valverde ha podido cometer una infracción
contra el reglamento antidopaje. Sin embargo, aunque Torri ha dado
primero, y está claro que el que da primero da dos veces,
aún no está del todo claro que tenga razón.
Antes de continuar mi exposición diré que me sorprende el
mutismo de las autoridades políticas y judiciales
españolas, que no defienden el sistema legal español. Me
sorprenden los tibios comunicados del CSD, con su presidente a la
cabeza, el mismo que tanto pecho sacó con la Operación
Puerto, cuando parecía un éxito, o eso creía
él, y que tanto esconde la cabeza cuando se ha demostrado que fue
una soberana chapuza que ha dejado a todo el deporte español sin
credibilidad y a los pies de los caballos. Pero me uno a ellos a la hora
de defender la competencia en este caso de los organismos
españoles, deportivos y judiciales, o en todo caso de la UCI, que
para eso es quien rige -así nos va- los destinos a nivel
internacional de este deporte.
No se trata de que Valverde, si es juzgado en España o por la
UCI, pueda tener un mejor tratamiento, sino de que el CONI o cualquier
otro organismo nacional de otro país no se inmiscuyan en el
día a día de nuestro deporte, que está más
indefenso que nunca. De lo que se trata es de defender la legalidad de
nuestro país o, en todo caso, internacional, no la de un
país en el que por otra parte Valverde no ha cometido
ningún delito. ¿Se imaginan a un organismo
español juzgando al Milan o la Juventus por las irregularidades
que cometieron sus directivos bajo el pretexto de que juegan contra
equipos españoles en competiciones internacionales? No
tendría sentido, y ni el gobierno italiano, ni la UEFA ni la
FIFA lo permitirían.
Pero, insisto, no se trata de defender a Valverde, sino de defender la
legalidad vigente. No obstante, con la ley en la mano resulta que
Alejandro tiene defensa y, contrariamente a lo que quiere hacer creer
Torri, Basso y Valverde no hicieron lo mismo, porque contra uno
había mil pruebas de todo tipo, y bien que ha pagado por ellas,
luego nada hay que reprocharle, y contra otro sólo hay, en el
mejor de los casos, un indicio: la famosa bolsa de plasma.
La decisión del CONI me ha obligado a repasar el dossier de la
Operación Puerto, por cierto muy mal redactado, poco
fundamentado... y hasta me atrevería a decir que
pésimamente investigado, porque la prematura e innecesaria
detención de Eufemiano Fuentes y Manolo Sáiz, entre otros,
fue la causa de que los indicios dejasen de convertirse en muchos casos
en pruebas concluyentes e irrefutables. Y, ya se sabe, de aquellos
barros estos lodos, que es lo mismo que decir que lo que empezó
mal, difícilmente puede acabar bien.
Pero adentrémonos en los papeles de la Operación Puerto y
sigamos la pista a Valv.(Piti), las siglas que supuestamente
corresponderían a Valverde. Vemos que, a su nombre, habría
una bolsa (de plasma), frente a las cuatro, cinco y hasta seis de otros.
Y, además, sería de 2004, cuando las de los otros eran
recientes (de 2006, el año de la intervención policial).
Analizando los presupuestos que Eufemiano Fuentes manejaba para 2005 y
2006, vemos que el número 18 no aparece, señal de que no
participaba en la trama. Y, por si fuera poco, hay un documento (el 106
de los anexos) en el que se dice a pie de página: "en caso
de arreglarnos con Bala quedar en Valencia y tener una reunión
(Yoli-Ignacio) para ver si se puede trabajar. Si se ve que es viable en
todo caso establecer una (video-conferencia) pero solo de audio con eufe
(pactando la hora claro...) y dejar las cosas claras", lo que en
cristiano significa que en la época ya no estaba en la trama
aunque querían contar con él, cosa que al parecer no
lograron porque, como he dicho, no figura en los presupuestos
posteriores. También hay una grabación en este mismo sentido.
Todo esto lleva a pensar que Valverde quizá trabajó con
Eufemiano Fuentes en 2004, cuando todavía corría con el
Comunidad Valenciana, pero lo dejó después, cuando
fichó con el Caisse d'Epargne. Curiosamente, desde entonces se conocen los resultados de sus
analíticas, tanto las oficiales de su equipo, las que
corresponden a los controles de salud, como las de la UCI. Y sus valores
-hematocrito, hemoglobina y reticulocitos- son siempre absolutamente
normales, desde cuando ganó la Lieja-Bastogne-Lieja por primera
vez a cuando lideró el Tour el año pasado, entre otros mil
ejemplos distintos, datos que mejor que nadie conoce y podría
certificar la UCI porque ningún ciclista en el mundo ha sido
más vigilado que él en los últimos años. Al
más mínimo error, la UCI le hubiera sancionado, pero no ha
sido el caso.
Así, nos encontramos con un corredor inmaculado en los
últimos cinco años, desde 2005, el periodo en el que
mejores resultados ha obtenido y en los que no hay absolutamente nada
contra él, aunque, también, con una posible sombra en 2004. Puesto que nunca ha dado positivo, la acusación contra Valverde
es de "tentativa de dopaje", que el código de la
Agencia Mundial Antidopaje, recogido también en el reglamento de
la UCI e, incluso, en el del CONI, define como "conducta voluntaria
que constituye un paso sustancial en el curso de una acción
planificada cuyo objetivo es la comisión de una infracción
de normas antidopaje. No obstante, no habrá infracción
de normas antidopaje basada únicamente en este intento de
cometer la infracción, si la persona renuncia a este antes de
ser descubierta por un tercero no implicado en el intento".
Por tanto, si fuera verdad que Valverde sopesó la posibilidad de
jugar con fuego en 2004 pero, tras cambiar de equipo, desechó la
posibilidad después, no podría ser acusado de dopaje en
aplicación de esta definición. Por eso Ettore Torri
también le acusa de haberse hecho una transfusión el 7 de
abril de 2005, algo que la defensa de Valverde echa por tierra
demostrando con pruebas que en esa época el murciano estaba
disputando la Vuelta al País Vasco, en la que ganó dos
etapas y por tanto pasó al menos dos controles antidopaje.
Además, después bajó espectacularmente su
rendimiento, luego no parece haber motivo para la sospecha.
Al final serán los jueces del TAS quienes tengan que interpretar
los reglamentos, la conducta de Valverde y las acusaciones y defensas
del corredor español, pero lejos del desánimo que
empieza a calar entre los aficionados, parece obvio que Valverde tiene
defensa y que no sería de extrañar que, como otras
veces, el TAS acabe dándole la razón.
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